y todas las estrellas se abrirán para ver
tus ojos conmovidos.
Te esperaré sin nada
solo la luz de tu cuerpo
deshojará el ámbar moreno de tus hombros.
Nadie podrá mirarte sin que azotes sus párpados
con tu látigo de niebla.
Sólo tú lograrás ceñir en tu mirada
mi mente alucinada
y mis manos que ofrecen mi vida en
tu sueño.
Te esperaré encendido.
Mi antorcha despejando la noche de tus labios
libertará por fin tu esencia creadora.
¡Ven a fundirte en mí!
El agua de mis besos, ungiéndote, dirá
tu verdadero nombre. .B.

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