que el miedo hace su nido entre las sábanas,
que los días se empujan suavemente
en un anestesiado sinvivir.
En su día aletargada la cordura
de los riesgos del viaje,
poco a poco ennegrecieron los presagios
y hoy colgamos de un hilillo de ternura.
Es hora de balances, cuentas claras,
de aferrar con los dientes el camino
hasta abrirlo en dos mitades, dos sentidos,
y emprender cada cual su andadura.
El tiempo del reproche y de la pena
ha envejecido ya; ahora nos queda
un proyecto sin forma ni horizonte
y un reloj de dos tiempos por testigo.

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