Un roce breve, fugitivo
como el ala de una mariposa
hizo arder el
aire en un instante
entre tu cuerpo y el mío.
El universo se
ocultó a mis ojos
y se encerró en un latido.
Tus miradas se
volvieron mares
y sus olas mecieron mi destino.
Para siempre,
un instante,
que ninguna muerte extinguirá,
mientras te ame. B.
jueves, 18 de julio de 2013
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