sábado, 22 de junio de 2013

De un Duende para una Hada



Un aire gélido golpeo esta noche mi rostro.
Despertó en mi un invierno de hambre.
Me saco de mi sueño y una luz blanca, mostró  su imagen.
Quiso acompañarme, calentó  mi alma, absorbió  mi pena y pudo rescatarme.

Me tomo alegre y me llevo desnudo.
Vine al mundo, bajo las estrellas de Julio.
Hoy la aguardo con mi cuerpo cansado, de esperar el verano. B.

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