miércoles, 26 de junio de 2013
De su mano
La ciudad dormida.
Mis pasos resonaban tras de mi, en las calles vacías.
Vagar sin rumbo fijo, solo pasear, notar la brisa en la cara.
Hoy mis pasos se dirigieron hacia el río, comenzaba ha levantarse una ligera niebla.
Empezaba a caminar sobre uno de los puentes que cruzan el río.
La pude ver en su soledad, sentada sobre uno de los bancos de piedra, y me sobresalto su presencia.
Pase de largo sin apenas mirarla.
Apenas pude oír un ligero buenas noches y a continuación, un, no tendrá fuego por favor.
Gire sobre mis pasos y buscando en mi bolsillo saque un encendedor, acercándome a ella le ofrecí fuego.
Su rostro se ilumino a la luz de la llama.
Jamás podré olvidar sus ojos.
Me tomo mi mano con la suya, fría pero firme y un temblor recorrió mi cuerpo.
A lo lejos se escuchaba una sirena, que rasgo la noche como un aullido.
Ella se levanto sin prisa de su asiento, como teniendo todo el tiempo del mundo y sin soltarme, me condujo suavemente, hacia el otro lado de el puente.
Hoy todavía sigo vagando por la ciudad, siempre de su mano.
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